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“A Cañadón Seco y a YPF le di mi vida”

por Franco Córdoba, enviado especial
 
 
 
 

Carlos Horacio Espinoza, catamarqueño de nacimiento pero sureño por adopción, recuerda en diálogo con Télam el trabajo que realizó en su paso por Yacimientos Petrolíferos Fiscales en el campamento de Cañadón Seco en la provincia de Santa Cruz.

Era una porquería porque el frío era muy duro, tenía que salir a trabajar y cuando me iba los mocos se me congelaban de la escarcha que estaba cayendo en ese momento de la madrugada o la mañana”, reconoce.

Espinoza entró a trabajar a YPF a los 18 años, aunque desde los 16 trabajó en una empresa contratista en Caleta Olivia. Los primeros años de su llegada del norte, compartió el ser ypefiano junto a su papá, que había ingresado a la empresa a principios de la década del 50.

“Llegué con un tío de Catamarca y cuando entré a YPF me fui a vivir con mi papá, con quien me tocó trabajar. Él me ayudó mucho en todo, pero yo seguía extrañando a mi mamá que había quedado en Catamarca. Yo trabajando, lloraba por mi viejita”, recuerda emocionado.

“Entré a trabajar en Cañadón Seco en el sector de electricidad, pero al principio lo hice dentro de las cuadrillas, yo era el más chico de todos, por eso mi papá me decía como tenía que hacer y me la aguanté, porque trabajar con tanto frío en esa época no era para cualquiera, y muchos habían abandonado por esa razón”, agregó.

Cuando le tocó ingresar en Cañadón Seco, Espinoza recuerda que solo era “campo y carpitas de YPF”, donde el campamento comenzó a funcionar para luego hacer base de la explotación de los pozos.

“Yo trabajé con la cuadrilla en energía, pero después pasé a mantenimiento de redes eléctricas de los pozos de petróleo. Ahí estuve y me jubilé con casi 30 años en la empresa estatal, más tres de los emprendimientos, tras la privatización”, rememora.

“Mi trabajo específicamente era el de hacer guardias, pero tenía que ir al campo por la noche, donde había que cortar las luces de las subestaciones para que otro compañero trabaje colgado de los postes”, agrega.

El trabajo de Carlos era en horarios más dispares: podía trabajar tanto por las tardes como por las madrugadas, algo que lo hacía acordar a su Catamarca natal, donde en su pueblo salía a guiar el agua para los canales de riego que eran para sus “viñitas”, entre la noche, la oscuridad, los animales y las leyendas paganas.

Es por ello que don Espinoza, entre risas y asombro, cuenta casi treinta años después, anécdotas como la siguiente: “Trabajaba en una subestación y tenía que hacer una maniobra, pero esa noche camino a hacer mi trabajo me di cuenta que no estaba solo, y cuando alumbré a mi costado había un cordero. Me bajé de la camioneta y lo alumbré para que se corra y no había caso, entonces me di cuenta que me quería hacer algo. Al darme cuenta me fui corriendo a la camioneta”, recuerda. “Cuando estaba entrando a la camioneta, me quedaban cuatro pasos y lo veo, tenía los ojos rojos. Salté rápido a la cabina de la camioneta, donde cerré el vehículo”, cuenta entre risas.

Espinoza, viniendo del norte creía que era un espíritu, como si fuera “el diablo”. Aunque se ríe, reconoce que en ese instante de la aparición tuvo mucho miedo.

Al final no me dejó bajar, por eso me fui y traje a un compañero, pero cuando llegamos a la subestación, ya no había nada. Cómo no iba a tener miedo si las noches de Cañadón eran negras, llovía y no había un alma”, agregó.

A pesar de la distancia que había entre Comodoro Rivadavia, Cañadón Perdido, Cañadón Seco, Pico Truncado o Caleta Olivia, estas tres últimas en la provincia de Santa Cruz, Espinoza cuenta que YPF era una familia, pero más se notaba cuando se cruzaban con los tíos, primos o hermanos en el medio de la jornada laboral.

Nos cruzábamos en las estaciones de servicio, en algún galpón o bien en la ruta con algún pariente que por ejemplo era de Comodoro. Era una de las cosas más lindas. Porque preguntábamos como estábamos, charlábamos dos o tres cosas y seguíamos camino”, cuenta con nostalgia.

Este ex ypefeano recuerda donde desde el año 1997, jubilado y residente de Caleta Olivia, tierra del Gorosito, monumento al trabajador petrolero, que hacían casi 70 kilómetros hasta el campamento central de YPF para festejar el 13 de diciembre el día del Petróleo: “Tiraban la casa por la venta porque era el acontecimiento que te mostraba lo importante que era la empresa para la región”.

El día sábado se elegía a la reina del petróleo, que eran las reinas de los campamentos más las de los yacimientos como los de Mendoza, Salta, Neuquén. También venían grupos musicales desde Buenos Aires, y hasta los equipos de futbol, todo pagado por YPF”, rememora con alegría.

El estadio de YPF era espectacular, las tribunas estaban llenas. Entraban las carrozas por el portón de la pista olímpica y pasaban por el palco. Después de la elección de la Reina del Petróleo había asados muy numerosos y mucha comida”.

Por otra parte, este catamarqueño casado con Betty, la madre de sus tres hijos que todavía viven junto a él, cuenta con un nudo en la garganta como fue “el día que llegó el momento de jubilarse”:

Un ingeniero me mando a llamar a las oficinas, y yo pensé que había pasado algo con mi familia. Me dijo ‘tengo una noticia para vos, mañana te tenés que jubilar’. Se me cayó la campera, el pantalón… me impresioné”, y agrega lo que le costó asumir esa nueva realidad en las semanas siguientes a ese momento tan ingrato “era tal el compromiso que tenía con YPF, que me levantaba a las 6 de la mañana, por ejemplo, y me ponía la ropa de trabajo y los botines en el living de casa, pero enseguida me daba cuenta de que ya no trabajaba más, fue muy duro dejar de pertenecer a la empresa”, agrega.

Por último, don Espinoza remarca su compromiso y su amor con Yacimientos Petrolíferos Fiscales y dice entre lágrimas y bien orgulloso que “fue lo más grande que me dio la vida”.

Me dio mi mujer, mis hijos, mi casa… Por eso fue muy triste para nosotros la privatización, por eso ahora es una alegría que regrese a manos del Estado, así que espero que por los que vienen detrás nuestro, para que YPF vuelva a ser lo grande que supo ser”, finalizó.

 
 
 
 
 
 
 
 
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